
Prácticamente no hay alguien quien pueda decir que no haya sufrido de estrés. Considerada la enfermedad del mundo contemporáneo, el estrés es producto de nuestra típica forma de vida occidental: levantarse, preparar a los niños para el colegio, salir a trabajar y estar sentado horas de horas y sometido a las presiones de trabajo, luego volver a casa, ayudar con las tareas escolares, asearlos, acostarlos, cocinar para el siguiente día, etc., etc., etc.
Quienes sucumben al estrés pueden sufrir desde cefaleas y mareos, hasta náuseas y vómitos, como una señal de alarma del cuerpo, una reacción fisiológica de que ya no da más y hay que parar. El organismo no puede hacerse cargo de la sobredemanda.
La inapetencia es un o de los síntomas claros del estrés, que en muchos casos deviene en una pérdida de peso, y en los más graves, hasta la anorexia. Pero mediante un plan dietario balanceado, puede a la larga vencerse esta enfermedad, incluso prescindiendo de los medicamentos.
Lo primero que hay que priorizar en una alimentación equilibrada que nos ayude a controlar el estrés es la inclusión de los hidratos de carbono, que contengan muchas proteínas y vitaminas, también antioxidantes oligoelementos y minerales. Estos reforzarán el sistema inmunológico e incrementarán el estado de ánimo. Los alimentos que lo contienen son las pastas, el pan y los cereales integrales.
Los alimentos ricos en proteínas son los llamados pescados azules como el atún, bonito o la caballa. También están en las legumbres y los mariscos, los cuales aportan minerales importantes, como el potasio, fósforo y el zinc.
Hay que comer 5 raciones diarias de alimentos en donde no deben faltar las verduras y frutas, tanto frescas como hervidas o al horno, para aprovechar sus aportes vitamínicos. Consumir muchos cítricos para aprovechar la vitamina C, además de los frutos secos.
Imagen: Tecnología, Actualidad y Mucho Más.
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