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La creencia popular respecto a comer y gastar energía es que cuanto más se la gaste, más hambre se tiene. Esto nos haría pensar que hacer actividad física nos estaría abriendo el apetito. Pero nada más lejos de la verdad.

Según estudios, una vida sedentaria, por ejemplo, al frente de la computadora o de la televisión genera más ganas de comer que cuando se está ocupado en alguna actividad. Dicha investigación, realizada en la Universidad de Missouri, comprobó su teoría con un grupo de jóvenes físicamente saludables a quienes se les sometió a diversas actividades de baja intensidad, tales como caminar, ordenar papeles, recoger cosas, doblar alfombras, etc.  y luego al sedentarismo completo (por ejemplo moverse solo en silla de ruedas) comprobándose que consumían más calorías cuanto menos actividad tenían.

Aunque este estudio es aún preliminar, nos da muchas luces sobre la importancia de la actividad física para no caer en la tentación de picotear comida, lo que nos conlleva definitivamente al aumento de peso. Quizás muchos de nosotros nos hemos sentido aburridos al no hacer nada e inconscientemente hemos terminado en la cocina comiendo un bocadillo o un snack. Este tipo de alimentación desbalanceada es lo que hace que se acumule grasa en el organismo.

Hacer deporte nos hará quemar las grasas, produciendo la creación de nueva fibra muscular en nuestro cuerpo. El cuerpo, al necesitar más energía para soportar el esfuerzo de una rutina (ya sea gimnasia, vóley, básquet, etc.) utilizará la que ya tiene almacenada en nuestro cuerpo. Además, dicha actividad, al tenernos ocupados, nos hará olvidar las ganas de comer y al contrario, nos permitirá tomar más líquidos. Como sabemos, el agua es uno de los mayores quemadores de grasas, así como purificadores del organismo. Los nutricionistas recomiendan tomar dos litros de agua todos los días.

Imagen: Timeforfit.com.

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